# Capítulo 162: El Tesoro Celestial
En la Laguna de la Luna Llena, el agua ondulante relucía como un espejo, y sin embargo no reflejaba a ninguno de los que estaban en la orilla. Muchos visitaban por primera vez la Laguna de la Luna Llena, y se maravillaban de esto.
Arriba, en lo alto, pendía la luna, y sin embargo no se reflejaba en el agua. Y dentro del agua había también una luna, quieta como un fantasma. Esta luna del agua, en el centro mismo de la laguna, había permanecido fija e inmóvil desde que primero apareciera.
Desde el círculo de largos pasillos, mirando al cielo nocturno, la luna de arriba estaba aún sesgada hacia un lado. El tiempo se escurría gota a gota, y la multitud paulatinamente calló. Todos contenían el aliento, esperando, acomodándose en silencio en su preparación.
Por fin, la luna trepó hasta el cenit del cielo. La luna de arriba llegó al punto muerto del centro del círculo formado por los largos pasillos, encarando precisamente la sombra de la luna en la Laguna de la Luna Llena de abajo. En ese momento, la luna del cielo se posó sobre la luna del agua.
De pronto, la siempre quieta Laguna de la Luna Llena cambió; su luz ondulante se meció. La sombra de la luna en el agua dio un súbito estremecimiento.
Jiang Wang sabía que eso no era ilusión—una transformación estaba por ocurrir. Era como si una mano invisible se sumergiera en la Laguna de la Luna Llena y "pescara" la sombra de la luna en el agua. Como un recorte de papel, la sombra de la luna se marchó de la laguna, se puso en pie, y quedó suspendida directamente sobre el agua.
Aunque cual recorte de papel, de perfil no se podía ver su delgadez. Visto de frente, la sombra de la luna se expandía lentamente hasta formar una luna redonda de la altura de un hombre.
Esta era la entrada al Reino Secreto del Tesoro Celestial, llamada la Puerta Lunar.
Los cultivadores presentes se despidieron uno a uno de parientes y amigos, pues tal vez esta despedida sería para siempre. El peligro del Reino Secreto del Tesoro Celestial era tan famoso como sus cosechas.
"¡El Reino Secreto del Tesoro Celestial asusta a todas las espinas, de todos estos hombres soy el primero en cruzar la línea!" Xu Xiangqian recitó a toda prisa este trocito de "verso," y luego lanzó su cuerpo a la Puerta Lunar. Pero esa postura podría describirse mejor como "cabeza agachada y escapando a la carrera" que como "pugnando por ser primero." Sin duda sabía que "componer poesía" así le iba a costar una paliza.
Li Longchuan siguió de cerca—sus pies se curvaban como un arco, su cuerpo se alzaba como una flecha. Apenas se había nublado la vista de los presentes antes de que ya hubiera desaparecido dentro de la Puerta Lunar. La multitud ya no se demoró, y se lanzó uno tras otro dentro de la Puerta Lunar.
"Vámonos también." Chongxuan Sheng murmuró las palabras. Con la mano izquierda asiendo la manga de Jiang Wang y la derecha asiendo la armadura de Catorce, los tres se arrojaron juntos dentro de la Puerta Lunar.
En el mismísimo instante de entrar a la Puerta Lunar, a Jiang Wang se le erizó el vello de repente. Pues sintió, a sus espaldas, a Wang Yiwu acercándose. No hizo intento alguno de ocultarlo—su blanco era Chongxuan Sheng.
Pues tal era la peculiaridad del Reino Secreto del Tesoro Celestial que ninguno de los que salieran recordaría lo que hubiera ocurrido dentro. Y esto también significaba que, dentro, uno podía hacer lo que fuera. Nada de lo que se hiciera dejaría rastro alguno de evidencia. Esto incluía—¡matar a un vástago de una gran casa como Chongxuan Sheng!
...
Wang Yiwu se acercó detrás de ellos hacia la Puerta Lunar—sin duda no para hacer amigos, huelga decirlo.
La mano de Jiang Wang ya estaba sobre su espada, todo su cuerpo enroscado y listo para golpear. Ante un oponente como Wang Yiwu, se podía confiar en que Chongxuan Sheng y Catorce también se habían preparado para luchar hasta la muerte.
La Puerta Lunar era cual un fantasma; atravesarla no ofrecía resistencia alguna, ni cuerpo ni mente sentían sensación extraña. Pero al aterrizar, todo alrededor estaba vacío. No se podía ver a Wang Yiwu en absoluto—ni tan siquiera a Chongxuan Sheng ni a Catorce estaban por ninguna parte.
Así, tras entrar al Reino Secreto del Tesoro Celestial, todos eran separados.
Jiang Wang no pudo evitar soltar un suspiro. Aunque quizás la batalla con Wang Yiwu fuera inevitable, aun así, cuanto más tiempo pudiera ganar para prepararse, mejor. Ante enemigo tan poderoso, uno jamás podía ser demasiado cauto.
A su izquierda corría un pequeño río, su corriente balbuciendo con suavidad. Las algas se mecían, los peces nadaban a sus anchas. El agua era muy clara; Jiang Wang usó un arte Dao para reunir una piedra y arrojarla, mas no espantó a ninguna bestia salvaje acuática de las profundidades. Quizás este río era seguro, aunque uno no podía estar del todo seguro. Al menos, el funcionamiento de sus artes Dao no estaba mermado.
El río era largo, serpenteando hacia la distancia, sin que su final pudiera verse de una ojeada. Su anchura era modesta—Jiang Wang podía saltarlo con facilidad, mas no hizo tal intento. Ambas orillas estaban cubiertas de hierba verde fresca. Al otro lado del río había tierra llana; a lo lejos se veían los contornos ondulantes de montañas.
Y de pie en esta orilla, mirando hacia la derecha, se veía un bosque denso, asimismo sin fin a la vista.
El aire era fresco; Jiang Wang lo saboreó con cuidado, atrapando el aroma del vapor de agua y de la hierba verde. No debería ser una ilusión—aunque el Reino Ilusorio Taixu había sentado precedente de ser lo bastante real. Pero cuando entraba al Reino Ilusorio Taixu, solo entraba su conciencia divina; el Reino Secreto del Tesoro Celestial, en cambio, había traído su mismísimo cuerpo. Y una cosa más: dentro del Reino Secreto del Tesoro Celestial, morir era morir de verdad. Los muchos cultivadores de los años pasados podían dar fe de ello.
¿Una tierra bendita oculta? ¿O poseía la Puerta Lunar algún arte de translocación? Jiang Wang examinó su entorno, y luego desabrochó un colgante de jade de su cinturón. Era de forma oval, tallada en relieve con un par de labios.
Esta era una de las preparaciones que Chongxuan Sheng había hecho antes de entrar—el Colgante de Eco y Retorno. Él, Chongxuan Sheng y Catorce llevaban uno cada uno, precisamente para resguardarse de ser separados. Este objeto notable permitía a su portador conversar a través de grandes distancias, una gran comodidad. Por supuesto, la distancia no podía exceder de cien li.
Pero cuando Jiang Wang intentó verter en él su esencia Dao, el Colgante de Eco y Retorno no dio reacción alguna. No era que la distancia fuera demasiado grande para que funcionara—estaba definitivamente muerto. Esto también significaba que muchas de las preparaciones de Chongxuan Sheng habían fallado; el Reino Secreto del Tesoro Celestial, con toda probabilidad, restringía el uso de toda suerte de objetos notables, y solo contaba la fuerza individual.
Esto no era una buena noticia. No era que Wang Yiwu, como discípulo final del Dios de la Guerra de la Gran Qi, tuviera fundamentos más superficiales que Chongxuan Sheng. Más bien, con la fuerza de Wang Yiwu, venir al Reino Secreto del Tesoro Celestial, no debería necesitar gran abundancia de tesoros notables. Ni tenía tanto tiempo de preparación. En este aspecto, Chongxuan Sheng debería haber podido recuperar alguna desventaja—pero por las peculiaridades del Reino Secreto, todo se había ido por el desagüe.
Hasta la espada en la mano de Jiang Wang había perdido la capacidad de desencadenar su Flecha de Luz Dorada. Aunque aun así, por lo menos era mejor que nada.
Jiang Wang guardó el Colgante de Eco y Retorno, tendió la palma de la mano plana y abierta, y una hebra de energía vital del elemento madera, azul, se condensó en su palma, formando el fantasma de una brizna de hierba. La brizna se demoró un rato, y luego bajó la cabeza, como perdida en el recuerdo de los tiempos pasados.
La dirección a la que apuntaba era hacia adelante.
Esta era una buena dirección. Dadas las circunstancias presentes, caminar hacia adelante por la ribera del río era sin duda el camino más seguro. El campo de visión era abierto, y cualquier peligro podía ser afrontado en el primer instante. En este Reino Secreto del Tesoro Celestial, lo más insoportable era lo desconocido. Uno no sabía qué pruebas había por delante, ni de qué manera se presentaría la oportunidad de la semilla de poder divino... Todo era incierto.
...
Jiang Wang caminó hacia adelante por la ribera del río, notando las dos orillas según avanzaba, incluidos el bosque denso y las montañas distantes—mas todo permanecía apacible, y nada en absoluto sucedía.
"Cincuenta hombres entraron juntos al Reino Secreto del Tesoro Celestial, ¿y todos fueron dispersados? ¿Cómo es que no he visto ni un alma? ¿Es verdaderamente tan vasto el Reino Secreto?"
Jiang Wang se sumió en el pensamiento. Lo dio mil vueltas, y una vez más usó Remembranza. Ya había caminado un buen trecho, y aun así Remembranza apuntaba hacia adelante.
"O dentro del Reino Secreto, 'Remembranza' ha fallado. Pero eso no tiene sentido—mis otros artes Dao no se ven afectados. Y si Remembranza fallara, la hierba de Remembranza debería haberse quedado inmóvil o girado sobre sí, no bajar la cabeza."
"Si Remembranza no ha fallado..."
"O bien Chongxuan Sheng está muy, muy lejos de mí, demasiado lejos para alcanzarlo por muy deprisa que me apresure."
"O bien—mientras yo avanzo, Chongxuan Sheng también avanza."
"O bien..."
Jiang Wang se detuvo abruptamente en seco.
"En realidad, no me he movido nada."