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Capítulo 30: El Final de un Caudillo Fugaz

A Record of a Mortal's Journey to Immortality·Capítulo 30 de 33·~8 min de lectura

Actualizado: 2026-08-08 16:13

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"¿Qué edad me calculas?" Los músculos de sus mejillas dieron pequeños saltos, y formula la pregunta de manera desgarbada, como cosa que nada tenía que ver con lo ya dicho.

"A juzgar por tu apariencia exterior," respondió Han Li, "te pondría en poco más de los sesenta. Pero ya que preguntas de tal manera, no cabe duda de que tu edad no corresponde a tu semblante. ¿Serás, pues, mucho más viejo, o mucho más joven?" Algo de extrañeza nació en su pecho al oírlo, mas su tono se mantuvo tan mesurado como siempre, dicho con estudiada indiferencia.

"¡Tch, tch! ¡No es poca cosa quien ha cultivado el Arte de la Juventud Eterna ser un renacuajo de aldea trocado en muchacho tan agudo y despierto!" El doctor Mo no pudo contener sus repetidas maravillas, y clavó en Han Li una mirada que ya se volvía ardiente y ansiosa.

"Lo has acertado. No tengo sino treinta y siete años." Un número que Han Li halló fuera de toda creencia salió de los labios del doctor Mo.

"¡Imposible!" Por vez primera, Han Li, que había conservado su compostura hasta entonces, sintió una sacudida de asombro.

"¡Imposible! ¡Cierto que es imposible! Que cualquier hombre me vea, y no ya me tome por un sexagenario, sino que, si diera en pregonar que he pasado de los setenta, a nadie se le ocurriría dudar de la mentira." La voz del doctor Mo se alzó de súbito, aguda y penetrante, y a los oídos de Han Li cayó áspera y penosa, como si hubiera tocado la más profunda herida de su pecho.

"Yo, Mo Juren, en mis primeros años labré para mí no pequeña fama en el mundo marcial de Lanzhou, en el Reino de Yue, abriéndome con mis propias manos un dominio propio. ¡Je! En aquellos tiempos de Lanzhou, ¿quién había que no conociera el renombre de 'Mano de Fantasma'? Por cualquier senda que un hombre andara, blanca o negra, quien me obedecía vivía; y quien se me cruzara—" El doctor Mo recobró su tono de costumbre, y en voz baja y hundida comenzó a desplegar lentamente su historia. A medida que hablaba, de sus ojos brotaba la aguda claridad de espada y filo, como si hubiera sido arrebatado de vuelta a aquellos días de su orgullo y de su firme asimiento del poder.

Al oír esto, Han Li se maravilló en secreto dentro de sí, pues no era poca cosa que este hombre, su maestro tan sólo de nombre, tuviera pasado tan grande.

"Mas, ¡ay!, que las fortunas prosperas duran poco. Cuando apenas había entrado en la flor de la edad y estaba por estirar aún más mis brazos, caí víctima de la traición de hombres mezquinos, y fui herido por un golpe infame a manos de uno de mis más fieles lugartenientes. Aunque, gracias a mi propia destreza sin par en el arte de la medicina, contuve el estallido de la herida, no pude sanarla del todo, y mi vigor marcial menguó en gran manera, de suerte que ya no pude sostener mi puesto en las tierras del norte. Por temor de que mis enemigos me cazaran, me vi forzado a abandonar toda la hacienda y la familia que había levantado, y a desvanecerme del mundo, vagando por las demás provincias de Yue en busca de alguna buena medicina, con la esperanza contra toda esperanza de hallar modo de recobrar mi antiguo poderío." Mientras contaba las miserias que vinieron después, el hombre se había hundido por entero en la narración de su pasado. Ambas manos las tenía cerradas en duros puños, y sus uñas, clavadas en las palmas hasta hacerlas correr sangre; mas de esto parecía por completo ajeno. Sólo sobre su rostro se extendía un aire de roer y mellar, de ferocidad despiadada, bastante para enfriar la sangre de cualquier hombre, tan claro era cuán hondamente odiaba al ruín que le había asestado aquel golpe infame.

Percibiendo la longitud y hondura del odio en sus palabras, a Han Li se le erizaron los cabellos, y una frialdad le corrió hasta el corazón.

"¡Tiene ojos el cielo! Por fin, en algún lugar misterioso, topé con un libro extraño y maravilloso. Obra tan oscura y abstrusa que me esforcé con todas mis fuerzas por alcanzar sólo una centésima de ella, y de sus páginas hallé un atajo por el cual recobrar mi poderío. Seguí los métodos que en él se ponían, y el resultado fue—" El doctor Mo se detuvo un instante, como reacio a continuar; mas la irritación en su rostro se veía de sobra, y con ella cierta dosis de pesar y arrepentimiento.

"Y el resultado fue que te volviste lo que eres ahora: ese despojo a medio hombre y medio fantasma que tienes delante," dijo Han Li con frialdad, rematando la frase que el otro no podía llevar a término.

"Cierto. No había previsto que, al seguir los métodos de aquel libro, mi poderío se restaurara, y mi cuerpo, sin embargo, se marchitara en vejez prematura, volviéndose este viejo antes de tiempo, este a medio hombre y a medio aparecido que Tiene ante ti." El doctor Mo asintió sombríamente, sin irritarse en nada por la burla de Han Li.

"Habrás hallado ya la raíz de la cuestión."

"Fui alcanzado por una afluencia de qi sinister, por haber ejecutado la técnica mal. En estos días, un día de mi vivir drena de mí la energía vital de diez días enteros de un hombre común; a cada hora derrocho mis años a ritmo pródigo. Sólo gracias a mi destreza sin par en las artes del sustento, y a cierta droga secreta que compuse según el libro, he podido estos años pasados ententecer mi envejecer, y sostenerme así hasta ahora."

"¿Qué relación tiene la fórmula que cultivo con el deshacer de tus trabajos?" Han Li fue derecho al cogollo del asunto, sin guardarse nada.

"Poco después de verme en este trance, escudriñé del libro los medios de mi liberación: ese mismo Arte de la Juventud Eterna que tú cultivas. Hállese tan sólo quien haya alcanzado el cuarto nivel del mismo, me ayude a mover su verdadero qi y a tocar ciertos puntos ocultos con la energía de la Juventud Eterna, y podré soltar de mí este aprieto de ahora y recobrar el yuan esencial que he perdido."

"¿Por qué buscas precisamente a mí? ¿No podrías hallar a otro cualquier que cultivara la fórmula?" Han Li meditó un rato, y luego devolvió la pregunta que había yacido sepultada en su corazón durante todos estos años.

"¿Fantasías que el Arte de la Juventud Eterna pueda aprenderlo cualquier Fulano, que no Zutano? Aquella fórmula exige que un hombre la tome desde su juventud y emprenda su cultivo desde el principio mismo; y por añadidura, quien la cultive debe poseer una constitución de 'raíz espiritual'. Aunque no sé qué sea una 'raíz espiritual', antes de ti ya busqué entre varias docenas de muchachos, y ninguno pudo hacer cabeza ni pies del Arte de la Juventud Eterna." Y el rostro del doctor Mo se puso del todo agraviado.

"¿Puede tal cosa ser así?" Han Li quedó pasmado, pues jamás había imaginado que la fórmula fuera tan severa en sus exigencias.

"En los años que me quedaban, creyendo que ya no podría hallar hombre alguno capaz de cultivar la fórmula, me entregué a la ruina y a la desesperación, me disfracé de algún curandero vagabundo de ríos y lagos, y comencé a ir y venir de un lugar a otro. Pero ¡quién iba a pensarlo! En un encuentro casual con el Gran Líder del Secta, Wang Lu, de la Secta de los Siete Misterios, hombre también derribado por la traición, en mi compasión por un malherido semejante, alcé la mano y le salvé la vida. Luego, a su invitación, me fui abriendo camino suavemente dentro de la secta como patrono, con intención de ocultar mi nombre y pasar los últimos de mis días en la montaña. ¡Je! Mas el milagro aún estaba por venir. Al principio, temiendo que todas mis artes de medicina y destreza marcial se extinguieran conmigo, os convocé a los dos dentro del valle, en verdad con el propósito de tomaros por discípulos. Pero el cielo sabe cómo, en aquel momento, quedé tan poseído que os puse a probar el Arte de la Juventud Eterna. Quizá abrigaba aún una débil esperanza. Aun cuando no hubierais sido capaces de cultivarla, os habría quedado conmigo, y os habría transmitido una décima de todo mi saber. Mas lo que jamás pude esperar fue que precisamente tú resultaras receptivo al arte. ¡Ja, ja! ¡El cielo nunca le corta al hombre su último camino!"

De una sola respiración el doctor Mo puso al descubierto todos estos misterios, y su rostro se cubrió de un rubor enfermizo, tan contento estaba de su propia buena suerte.

"Aún no he alcanzado el cuarto nivel del Arte de la Juventud Eterna. ¿Por qué, pues, has de someterte a mí ahora, y desnudarme todo esto ante los ojos?" Han Li por fin puso la pregunta que más próxima estaba a su actual cuidado.

"A eso debes culparte tú mismo. He gastado tales fatigas y tales afanes en ti, y sin embargo no puedes contentarme, volviendo siempre tus triquiñuelas contra mí. No queda sino este último paso, y sin embargo has tardado y te has negado a empujarte hasta el próximo nivel. Tiempo hubo en que podía esperarte hasta dos años enteros; mas cuando esta vez bajé de la montaña, me reconoció cierto enemigo mío. Después de un amargo combate, aunque maté al ruin por completo, me drenó sin embargo la poca fuerza que me quedaba, y me fue acortado el plazo de mis años en gran manera. Aun con todo mi esfuerzo supremo, apenas puedo alargar otros doce meses de vida. ¿Cómo iba yo a hallar en mí, pregunto, el ánimo de esperar?" La complacencia del doctor Mo se desvaneció sin dejar rastro, y de súbito su rostro se llenó de crueldades, hasta que al fin rugió estas palabras en el mismo rostro de Han Li.

Han Li, al oír todo, conservó su semblante como siempre, sin señal alguna en él de sentirse tocado en lo más mínimo.

Y sin embargo, dentro de su pecho las olas corrían altas y bravas, y no estaba ni con mucho tan compuesto, tan en calma de mar, como su aire exterior hubiera hecho creer.

Pues aunque hacía tiempo que había previsto que el doctor Mo acariciaba algún designio profundo contra él, jamás había fantaseado que alcanzara tan vasto ámbito. Los orígenes del hombre, su historia, la fórmula que cultivaba; ninguna de estas cosas caía dentro de los límites que Han Li hubiera imaginado jamás.

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