Tras salir de la Casa de Subastas, Xiao Yan vagueó por los alrededores durante un buen rato antes de encontrar un lugar con poca gente y deslizarse sigilosamente en un callejón.
Con ágiles movimientos, se quitó la voluminosa capa negra y murmuró en voz baja:
—Maestro, estuviste a punto de descubrirme.
—Je, je... lo que hice fue exactamente lo que tú querías hacer en el fondo —la risa burlona de Yao Lao resonó desde el antiguo anillo negro.
Xiao Yan negó con la cabeza, algo resignado, aunque en el fondo se sentía un poco culpable hacia su padre. En ambas ocasiones que había salido a subastar píldoras, había acabado estafando indirectamente al patriarca de su propio clan. Con un gesto indiferente, pateó la capa negra hacia la alcantarilla y murmuró:
—Algún día buscaré la forma de colaborar con el Clan Xiao. Será mi manera de compensar a mi padre.
Abrazando los materiales contra su pecho, se los metió bajo la capa y se deslizó con cautela fuera del callejón, corriendo de regreso al Clan Xiao en toda carrera.
Como Xiao Zhan y los demás aún no habían regresado, el clan se mostraba algo vacío. Los guardias de la entrada, al ver al pequeño señor que había recuperado su fama dentro del clan, no se atrevieron a poner el menor obstáculo. Le dedicaron una sonrisa servil y lo dejaron pasar sin problema.
Con su característica prisa, Xiao Yan irrumpió en su habitación. Sacó los materiales de entre sus ropas con el cuidado con que se maneja un tesoro y los colocó suavemente sobre la mesa.
La Hierba de Tinta tenía el cuerpo completamente amarillento y seco, con cinco hojas que parecían tinta negra. Las cinco hojas representaban su antigüedad: una hoja crecía por cada década.
La Fruta de Saliva de Serpiente era un fruto redondo de color verde esmeralda, del tamaño de medio puño. Al acercarlo a la nariz, se podía percibir un olor dulzón y ligeramente ácido. Este fruto solo crecía junto a las guaridas de las bestias mágicas de rango cinco, por lo que resultaba bastante difícil de conseguir. Dado que la naturaleza de las serpientes era yin, este fruto tenía propiedades frías, y era una medicina habitualmente usada en la alquimia para neutralizar los ingredientes de naturaleza fuerte.
La Hierba Recolectora de Espíritu no se distinguía de una hierba común, excepto por la punta de sus tallos, que emitía un tenue resplandor fluorescente. Cuanto más intenso fuera ese brillo, mayor era la energía pura contenida en la planta.
El Núcleo Mágico de segunda categoría de naturaleza acuática presentaba un color azul celeste. Colocado sobre la mesa, su ligera humedad empapaba la superficie, dejando claro cuán abundante era la energía acuática que albergaba.
Xiao Yan examinó detenidamente cada uno de los materiales con la mirada y dijo con voz impaciente:
—Maestro, los materiales están todos completos. ¿Ya podemos empezar a refinar?
—¿Qué prisa? Los ingredientes no van a correrse mientras estén aquí. La refinación no debe ser interrumpida. Aún es temprano. Si alguien nos molesta por accidente, desperdiciar los materiales sería lo de menos. ¿Qué pasa si me descubren? —la voz de Yao Lao sonó desde el anillo, ligeramente molesta—. Espera hasta que sea más tarde.
Xiao Yan suspiró con frustración y negó con la cabeza. No le quedó más remedrio que guardar los materiales con cuidado en el armacón de la esquina y tirarse en la cama con gesto abatido, esperando la llegada de la noche.
Unos treinta minutos después de que Xiao Yan se hubiera acostado, la puerta de la habitación fue golpeada violentamente y se abrió de par en par.
Un par de piernas largas y sensuales entraron en la habitación. Xiao Yu recorrió la habitación con la mirada y, al ver a Xiao Yan que acababa de despertar, soltó un bufido frío:
—Pequeño señorito, ¿para comer también necesitas que te inviten?
El sonido repentino lo despertó de golpe. Xiao Yan se incorporó en la cama, mirando estupefacto a Xiao Yu, que se mantenía de pie en el centro de la habitación con los brazos cruzados sobre su generoso pecho. Tras un instante, un escalofrío le recorrió la espalda.
*Maldita sea, maldita sea... menos mal que no dejé que el maestro empezara a refinar antes. Esta estúpida mujer...*
Imaginando las consecuencias de haber sido interrumpido durante la refinación, Xiao Yan se pasó la lengua por los labios secos y miró a Xiao Yu con creciente ira.
Con el ceño fruncido, Xiao Yancerró los labios con fuerza y respiró hondo. El terror que sentía se transformó instantáneamente en furia desatada:
—¡Estúpida mujer! ¿No sabes ser educada? ¿No puedes tocar la puerta antes de entrar? ¡Estúpida, estúpida! ¿No tienes modales?
Xiao Yu lo contempló estupefacta, sin poder creer que Xiao Yan le mostrara por primera vez un gesto de indignación tan desesperado. Pero tras escuchar la racha de insultos, su rostro se tornó pálido de rabia. Apretando los dientes con fuerza, lanzó sus piernas sensuales hacia adelante y se abalanzó directamente sobre Xiao Yan:
—¡Pequeño granuja! ¿Qué vas a hacer si pateo tu puerta? ¡A partir de ahora te la patearé todos los días!
Xiao Yan, con el rostro endurecido por la cólera, vio a Xiao Yu acercarse con los dientes apretados, lista para castigarlo. Levantó la mano y cerró el puño de repente.
—¡Palma de Succión!
Una fuerza de succión implacable brotó con violencia de la palma de Xiao Yan. Xiao Yu, que acababa de llegar al borde de la cama, perdió el equilibrio hacia adelante y fue arrastrada directamente sobre la cama por la fuerza de la succión.
Tras haber alcanzado el noveno nivel de Dou Qi, la fuerza de succión de su Palma de Succión parecía haberse fortalecido notablemente. Al menos antes, mover el peso de una persona habría costado mucho más.
Xiao Yan se sorprendió internamente del aumento de poder, pero la sorpresa fue rápidamente reemplazada por la rabia. Se dio la vuelta con un movimiento rápido, presionó las piernas sensuales de Xiao Yu contra la cama y se sentó con fuerza sobre su suave abdomen. Inclinando el cuerpo, sus dos manos sujetaron las muñecas de Xiao Yu con firmeza.
Volvieron a quedar en una posición aún más humillante que antes, y Xiao Yu sintió que la cabeza le daba vueltas. Un momento después, una rubor seductor tiñó sus mejillas y comenzó a forcejear con violencia.
—¡Granuja! ¡Suéltame! —gritó entre dientes.
Xiao Yan, también jadeando por el forcejeo, apretaba las manos de Xiao Yu con todas sus fuerzas. Tras un instante más de lucha, de repente la soltó, giró su cuerpo y le dio la vuelta de un tirón.
Con un giro, la espalda de seda de Xiao Yu y sus nalgas redondeadas, así como sus piernas largas y sensuales, formaron una curva enormemente tentadora.
Xiao Yan, sin tiempo para contemplar aquella silueta perfecta, apretó los dientes, levantó la mano y, sin vacilar, la dejó caer con fuerza sobre aquellas nalgas redondeadas.
—¡Pum!
El sonido nítido, cargado de cierto tono subido de tono, resonó lentamente por toda la habitación.
—¡Eso es por entras sin tocar la puerta, granuja! —gritó Xiao Yan.